11 de febrero: mujeres ingenieras que construyen futuro
El 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, debería servirnos para recordar que ingenieria tiene género femenino. Este campo mueve la economía, transforma ciudades, protege el medio ambiente y nos conecta a todos. Y, sin embargo, sigue siendo un mundo mayoritariamente masculino, especialmente en los puestos de liderazgo. Eso no es solo injusto; es una pérdida de talento que todos pagamos.
Durante décadas se repitió el mito de que las mujeres “no tenían vocación” por la ingeniería, falso. El talento siempre estuvo ahí. Lo que faltaban eran referentes visibles, oportunidades reales y la eliminación de prejuicios que obstaculizan el camino. Hoy sabemos una cosa: cuando las mujeres participan, todos ganamos.
La historia está llena de ejemplos que lo demuestran. Desde Hedy Lamarr, famosa actriz, que inventó un sistema de comunicación por salto de frecuencia que hoy sostiene el wifi y el bluetooth, hasta Margaret Hamilton, que creó el software que permitió que la humanidad llegara a la Luna, o Mary Jackson, ingeniera aeroespacial de la NASA, que rompió barreras raciales y de género, y además promovió la diversidad en la ciencia.
En España tampoco faltan nombres que inspiran. María del Carmen Valls García ha revolucionado la gestión del agua y la planificación hidráulica. Belén Allende Martín y Mercedes Gómez-Heras protegen nuestro territorio y recursos desde la ingeniería de Minas. Raquel de la Vega García desarrolla estructuras aeronáuticas que elevan la industria aeroespacial española. Margarita Salas Falgueras transformó la biología molecular con su ADN polimerasa del fago Phi29, y Ángela Pérez desarrolla biotecnología sostenible que combina ciencia y economía verde. En agricultura, María Luisa González García impulsa soluciones innovadoras que optimizan cultivos y recursos naturales, porque la ingeniería también alimenta al mundo.
Pero no todo ha sido fácil. Muchas mujeres han tenido que luchar cada día para demostrar su valía. Una ingeniera de Caminos que tardó años en consolidar su carrera por la falta de referentes y la resistencia inicial en un entorno muy masculinizado, me comentaba: “Tuve que demostrar con hechos, día tras día, que estaba capacitada. Hoy lidero un equipo de más de veinte personas y cada logro me recuerda que la perseverancia y la confianza en uno mismo son fundamentales”. Sin embargo, a día de hoy en este sector las mujeres han pasado de ser una excepción a convertirse en referentes técnicos, académicos y directivos. Ingenieras que lideran grandes obras de infraestructuras, dirigen políticas públicas de movilidad sostenible o impulsan soluciones innovadoras frente a los retos climáticos. Su presencia no responde a cuotas ni a concesiones, sino a mérito, formación y capacidad.
A pesar de los avances, los desafíos persisten. Las mujeres siguen infrarrepresentadas en muchos campos y en los niveles más altos de decisión. Persisten estereotipos, sesgos inconscientes y barreras estructurales que dificultan el acceso y la promoción profesional. Por eso, el 11 de febrero no puede ser solo un día de celebración. Debe ser un recordatorio de que tenemos que visibilizar referentes, fomentar vocaciones STEM desde la infancia y asegurar que el talento femenino llegue a donde le corresponde.
Porque reconocer la aportación de las mujeres ingenieras no es un acto simbólico, es reconocer que el progreso no entiende de género. La ingeniería crece y mejora cuando incorpora todo el talento disponible. Y hoy, más que nunca, ese talento también se llama mujer. Que cada niña que sueñe con construir puentes, diseñar ciudades o explorar el espacio sepa que hay un lugar para ella. Que sepa que puede ser la próxima Hedy Lamarr, la próxima Margarita Salas, o la primera en algo que ni siquiera imaginamos. Porque el futuro de la ingeniería, como el de nuestra sociedad, también depende de ellas.
